Cuarentena en Londres

“Ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”

Benjamin Disraeli

Este es un testimonio de una persona que no vive aquí, de una persona que ha visto como la pandemia que estamos sufriendo se cebaba con su país, es el sufrimiento de una persona que ve lo que pasa y que no entiende que las personas que allí viven no lo vean.

Es una vivencia personal verdaderamente dura pero que refleja una realidad que ni por un momento podríamos imaginar, pero que es cierto.

Muchas gracias por querer transmitirlo y compartirlo con todos nosotros. Oajalá todo esto fuera un mal sueño, ojalá todas esas personas que siguen en los parques tranquilamente tuvieran razón y no hubiera de qué preocuparse.

Desde aquí te mandamos mucho ánimo y mucha fuerza para seguir y no salir ¡Ánimo para Londres!

Cuarentena en Londres por una madrileña que lleva 6 años y medio viviendo ahí.

Os escribo desde mi maravilloso apartamento de cuarenta metros cuadrados desde Londres, donde convivo y tele trabajo con mi chico.

Quería contaros cómo se está viviendo aquí este momento de pandemia global, este momento en el que cada italiano está mas cerca que nunca de los suyos, cada español está ayudando en lo que se le pide… En ese momento que te piden ser consciente de lo que está pasando, me toca vivir en una de las comunidades más egoístas que podrías encontrar en Europa.

Aquí el estado de alarma como tal, el confinamiento como se está conociendo en Europa, no existe.

Aquí te dejan salir a correr una hora al día, hasta hace tres días había gente acumulandose en los súper y nadie recordaba ni la distancia de seguridad ni las mascarillas…

No quieren ver las casi 800 muertes que hubo ayer… No quieren confinarse, porque el egoísmo les puede, porque así es la sociedad británica en general, no nos olvidemos que acabamos de sufrir un Brexit, la salida de la unión europea en la que ellos afirman por activa y por pasiva que son superiores a la Unión Europea y que no nos hace ninguna falta, que ya nos echarán de menos…

Ayer, domingo de Ramos, 23 grados en la capital británica… qué pasó? Que los parques se llenaron de gente, personas con sus cervezas y sus bolsitas de snacks para tirarse al sol con los colegas mientras se quitaban la camiseta y se tostaban, vuelta y vuelta. Y cuando los agentes les pedían (rogaban diría yo, por lo que ví en las noticias) que por favor recogiesen el chiringuito y se encerraran en casa, les contestaban que ellos tenían una hora y esa era su forma de hacer deporte. Así tal cual, a una policía… ni multa ni nada de nada claro está.

Hace dos días salió en las noticias el fallecimiento de cinco conductores de autobús. Aquí los conductores de autobus van en una cabina protegida, sin acceso a tocar a ningún pasajero… Pero da la casualidad que al lado de mi casa hay un intercambiador, y en sus descansos comen juntos, fuman juntos y ni distancia de seguridad ni mascarilla puesta, porque llevarla, la llevan, pero en la garganta…

El gobierno británico tardó muchísimo en reaccionar, en cerrar fronteras e implementar distancias de seguridad, en pedirnos que comenzaramos a  tele trabajar… Mientras que yo veía lo que pasa en España e Italia, aquí era lo más normal ir como sardinas en lata en el metro, seguir bebiendo en las terrazas, porque dentro los bares estaban hasta arriba… Cuando en otros países ya habían actuado, aquí estabamos a verlas venir. República de Irlanda cerró los colegios un día despues que Madrid, cuando solo había un muerto en todo el país. Cerró fronteras y trabajos esenciales con 39 muertos… Y ahora que están en lo que ellos consideran el pico de la pandemia, el total de fallecidos es de 79 muertos en total. Más de uno aquí en Londres se reía de la paranoia que estaba invadiendo a Europa… Pero es que ahora los expertos consideran que Reino Unido acabará superando con creces en muertes diarias a cualquiera de sus vecinos y preven un nivel de contagios que no podrán manejar…

Quitando todos estos factores externos, aquí el gobierno ha reaccionado bien en el tema económico. Han acordado una paga extra (que no han explicado muy bien ni cuando ni como la recibirán) para todos aquellos trabajadores esenciales que a día de hoy siguen trabajando.

Los Ertes han empezado a florecer en el momento que el gobierno nos ha garantizado el 80% de nuestro sueldo o un máximo de £2,500.00 mensuales. Se ha facilitado una ayuda extra para los que tenemos que seguir trabajando desde casa, en la cual se compromete el gobierno a pagar el 50% de las facturas (o a reducirlas a la mitad) por todos los gastos extra de luz, agua, calefacción…

Sobre las fronteras cerradas, por si no se sabe y alguien lo necesita, hay vuelos constantes a Madrid y a Londres (por amistades cercanas sé que Roma sigue abierta y Berlín igual). Las aerolíneas están cancelando vuelos para reducir riesgos, aún así todos los días salen unos 4 o 5 vuelos desde Londres a Madrid.

La foto que mando adjunta es de la mítica plaza de Trafalgar, que normalmente es imposible caminar por ella un día entre diario con todos los turistas, puestos ambulantes que hay, visitantes de la National Gallery que justo es el edificio que hay detrás. Esta foto está tomada el pasado Viernes 3, por una amiga que iba en bici a su trabajo en el St Thomas’ Hospital de Westminster.

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EL BICHO

“En cada niño nace la humanidad”

Jacinto Benavente

Es increíble la respuesta que estoy teniendo al abrir este apartado de colaboraciones, llevamos mucho tiempo sin salir, viviendo días extraños y me alegra mucho que queráis compartir vuestras vivencias con todos los papis y mamis que leen el blog.

Ella es Ana, apenas la conozco, pero ha querido abrir su corazón para todos nosotros y estoy realmente emocionada ya que seguramente alguno de vosotros, por desgracias, os vais a sentir identificados con algunas de sus vivencias, otros, más afortunados, también os vais a identificar con otras. Es un relato con muchas emociones y experiencias muy íntimas.

Muchas gracias Ana por querer hablar desde el alma y el corazón y gracias a tu sobrina, por, efectivamente, entender mejor que muchos adultos la situación. Ella es una pequeña gran heroína también.

Para mí todo esto empezó el 7 de marzo por la tarde, estaba en el pueblo con unos amigos tomando algo cuando en el chat del cole una compañera escribió y nos dijo que había dado positivo en el bicho. A partir de ahí fue una locura, todos los compañeros se pusieron muy nerviosos.

Yo la verdad que estaba tranquila y sigo estándolo.

Bueno continuando con la historia, el lunes fue un revuelo en el colegio, se había filtrado la noticia de la compañera enferma y eso había puesto muy nerviosos a los padres y debido a ello faltaron muchos alumnos en casi todas las clases del centro.

Los que asistieron preguntaban qué había pasado y las llamadas al centro no pararon durante toda la mañana.

La semana continuó con “normalidad” a pesar de las ausencias. El revuelo volvió a llegar cuando Madrid suspendió las clases, ahí ya la incertidumbre de los padres y de los compañeros crecía.

La tarde del jueves 12 la pasé como casi todos mis compañeros pegada a la televisión para comprobar que decían las autoridades, finalmente se suspendían las clases, y una vez más, el chat del colegio echaba humo, al igual que mi cabeza ya que yo estaba haciendo una sustitución y me temía que la persona a la que estaba sustituyendo se incorporaría, y así pasó.

Nos dijeron que los profes teníamos que ir el viernes para organizar las clases y que los alumnos recogieran el material y demás y así lo hicimos, todo para mí era normal hasta que a mitad de mañana me comunicaron que mi sustitución terminaba.

A partir de ahí mi retiro, prefiero llamarlo así antes que confinamiento o encierro, ha sido muy entretenido.

Mi hermano mayor y su marido son sanitarios y trabajan en el hospital de Guadalajara y tienen una niña de tres años, que al igual que los demás niños de España no tiene clases, así que soy yo la que se la cuida mientras sus padres trabajan.

La verdad que me siento muy afortunada de poder pasar tanto tiempo con ella, aprendemos mucho la una de la otra y lo pasamos muy bien juntas.

Recuerdo la primera mañana que tuve que ir a cuidarla, ella ya sabía que no se podía ir al parque, pero ya era oficial que tampoco se podía salir de casa, sus papás ya la habían explicado que había un bichito y que no se podía salir de casa para no ponerlos malitos y que tampoco podíamos ir al colegio.

Los niños nunca dejan de sorprenderme, pues ella con solo tres años había entendido mejor que muchos adultos que había que quedarse en casa y lo hacía sin rechistar, es más si ve a alguien por la calle desde a ventana le regaña porque hay que estar en casa.

Los días fueron pasando y las manualidades y los juegos eran cada vez mejores, es fascinante como la mente agudiza el ingenio cuando más se necesita.

La segunda semana de retiro se confirmaba el único miedo que yo tenía, mi tía, que ya estaba enferma, empeoraba y había que subirla al hospital.

Al principio te pones en lo peor, porque ya mi hermano nos había avisado de que estaba muy malita y que podría pasar cualquier cosa.

Pasaron dos días y la peor de nuestras sospechas ocurrió, la tía Carmen, había fallecido, no estaba sola, porque sus hijas tuvieron la suerte que no han tenido muchas familias, ellas se pudieron despedir, sin besos ni abrazos, pero si con palabras.

Nunca he tenido una sensación tan rara en el cuerpo, parece como si no hubiera pasado, no la hemos visto, no nos hemos podido despedir de ella… es esa sensación de estar metido en una película con un mal final.

Pero si, si había pasado. Mis primas y mis padres enterraron a mi tía, solos, con mascarillas y guantes cual marcianos y a metro y medio cada uno. Los demás desde casa solo podíamos pensar en ellas, mis primas, que no se han podido abrazar ni las hemos podido dar cariño.

Pasó la semana y a día de hoy no sabría decirte cuantos días han pasado de esto, solo sé que sigo teniendo una sensación extraña en un pedacito de mi corazón.

Pero yo siempre soy muy positiva, y sé que todo esto que nos ha pasado a mi familia y a mí nos ha unido más si cabe.

Continuamos con el retiro, y entre juegos, manualidades, disfraces y bailes, los que vienen del hospital, cada día traen mejores noticias. Yo no pregunto mucho por la gente, prefiero preguntar cómo están ellos, como se sienten y hacerles ver que siempre estoy a su lado.

Como he dicho al principio no tuve miedo y sigo sin tenerlo, tengo la esperanza de que este tiempo sea productivo, teníamos que parar y no hacíamos caso. Nos hemos creído los reyes del mundo, y el bicho más pequeño nos ha puesto en nuestro sitio, en casa, con la familia, valorando cosas que en la rapidez del día a día no somos capaces de ver.

Lo que no te mata te hace más fuerte, y esto es lo que tenemos que ver.

Gracias Ana por darme la oportunidad de escribir lo que vivo y lo que siento, sin duda alguna es una terapia estupenda.

COVID-19

“Donde quiera que se ame el arte de la medicina se ama también a la humanidad”

Platón

No tengo palabras para explicar esta colaboración que me acaba de llegar. Ni siquiera conozco a la persona que lo ha escrito, por eso creo que es todavía más especial.

Una persona que está combatiendo con su cuerpo y con su alma en la UCI y que expresa con una palabras que erizan la piel lo que realmente está sucediendo en estos momentos, la realidad que desde nuestras casas no podemos ver.

No puedo más que agradecer con el corazón estas palabras, que seguramente hayan salido con una emoción difícil de contener. Gracias, has hecho que me emocione, que llore y que piense que, realmente saldremos de esta gracias a vosotros.

Desde Mami Me Mima solo te puedo desear fuerza para seguir luchando.

Os puedo asegurar que es un post muy especial y emocionante, espero que os guste.

Hace más de un mes que comenzó todo, a las seis de la mañana abría un mensaje de whatsapp: tenemos el primer caso en la UCI, y ha sido un caos, en ese momento nunca creí que llegaríamos a vivir lo que estamos viviendo. 

La vida nos está golpeado muy duro a todos, y creo q hay ciertas heridas que tardarán en cerrar o que quizá no cierren nuca. Ciertos sentimientos difíciles de digerir, porque se hacen un nudo en la garganta, y al final es el miedo el que se apodera de uno, pero al final las circunstancias te obligan a tragar, para que pase y por lo menos esa bola no te impida respirar, porque tienes que seguir. Nos dedicamos a cuidar personas y yo en mi caso a cuidar a los que cuidan, y siempre he sentido que es una gran responsabilidad. 

Me cuesta recordar en que momento empezamos a correr, a convivir con esa sensación de angustia constante, teníamos que abrir camas y lo teníamos que hacer rápido, porque nuestros pacientes se ponían muy malos de un día para otro, de 10 pasamos a 12, de 12 a 17, a 26, a 30 y luego a 37 y hasta 40 y nunca es suficiente, la situación ha sido prácticamente inasumible, yo intentaba tragar para que ese nudo pasara porque había días que pensaba que me ahogaba, que no llegaba, pero no podían faltarme las fuerzas.

Evidentemente al ritmo que todo esto crecía no podía hacerlo solo, y comencé pidiendo ayuda a mi equipo, lo tuvieron claro desde el minuto cero, cuenta con todos y cada uno de nosotros para lo que sea, y así ha sido, gracias por sostenerme. Pedí ayuda a mis jefas, y una vez más también me demostraron que estaban ahí, como siempre. Pedí ayuda a mis compañeros supervisores, que con la que está cayendo se han desprendido de grandes profesionales en sus unidades para construir un gran puzle que ha día de hoy aún le falta alguna que otra pieza. 

Comenzaron a llegar cada día personas nuevas a trabajar, personas a las que también tienes que cuidar, pero que, en ocasiones no conoces ni su nombre, lo que si recuerdas son sus caras entrando, la mayoría, por primera vez en la UCI, aterrados, pero con unas ganas tremendas de estar ahí, de ayudar, de poner su granito de arena. 

Me gustaría quitarme hierro al asunto y decir algo así como no ha sido fácil, pero no sería verdad, porque la realidad es que a día de hoy continúa siendo muy difícil. Hemos vivido días muy duros, con mucha presión, ingreso tras ingreso de pacientes que llegaban al límite, y así, al límite de nuestras fuerzas hemos trabajado todos.

Hemos trabajado con miedo, con rabia, con impotencia, con angustia… Pero hemos seguido, porque así somos los que nos dedicamos a esto. No sabemos las consecuencias que más adelante tendrá. 

Y a todo esto, cada uno de nosotros también tenemos una familia, unas circunstancias personales, en mi caso una hija que apenas me ve, y con tan solo tres años sabe que cada vez que aparezco por la puerta, los días que me ve, tiene que esperar a que pase por la ducha antes de darme un abrazo, también ha asumido con toda la normalidad con la que ella puede, que se tiene que quedar en casa, y una vez mas nos demuestran que son pequeños muy grandes. También ha asumido que papá trabaja todos los días en el hospital y los días que no voy, que en este mes han sido 3 ó 4 me pregunta asombrada ¿Papá, hoy te quedas todo el día conmigo? Y a mi se me parte el alma.

Como decía al principio hay heridas que quizá nunca cierren, y es que cuando lo vives en primera persona, ves que todo esto es aún peor, porque no hay nada peor que vivir la pérdida de un ser querido en soledad, en mi caso afortunado, porque tengo unos compañeros excepcionales que los ratos que yo no estaba, ellos se encargaban de cogerle la mano, de colocarle la mascarilla o de ponerle esa medicación que la aliviara un ratito. Duro, todo muy duro, no puedo expresar con palabras el horror que aquella mañana mis primas y yo tuvimos que vivir, heridas que no se si cerrarán.

Pero, a pesar de todo tienes que seguir, vuelves a tragar, porque cada vez la bola en la garganta es más grande, las piernas no te sujetan, el aire no te llega al pecho, intentas evitarlo, tienes que llorar, pero no puedes, no tienes tiempo ni espacio. Hay que seguir abriendo camas, montando unidades desde cero y tomas la decisión de distraer el dolor con el trabajo. Ojo que, el dolor y el duelo distraído no son buenos compañeros de viaje, porque como dice Rozalen en una de sus canciones: “todo lo que no se atiende, tarde o temprano reaparece”.

Y así discurren los días desde que comenzó este infierno, pero como todo, en esto además de sombras, hay luces, y las luces son las personas que cada día están a mi lado, las que me cuidan, mi familia que están muy pendientes de mi, que me recuerdan que tengo que cuidarme, que tengo que descansar, que cada día me preguntan como estoy, y me animan reconociendo un trabajo que hacemos entre todos. También hay luces en el trabajo y de nuevo son las personas, mi equipo, allí nos cuidamos unos a otros, e intentamos hablar de todo en todo momento y no llevarnos la mochila muy cargada a casa.

Se me llenan los ojos de lágrimas cuando recuerdo que hay mañanas que te encuentras con alguien en el pasillo, le miras con toda la cara llena de marcas de las gafas de buzo empapada en sudor, agotada física y psicológicamente después de un turno sin parar y aun así te pregunta, ¿como estas?

Sigue habiendo luces, cuando celebramos como si de nuestra familia se tratara, cada vez que le quitamos el tubo a un paciente y le damos el alta a la planta, cuando vemos el cariño de la gente, cuando alguno de nosotros se siente fuerte y grita por el pasillo: ¡venga chicos! ¡Que vamos a poder con todo! Cuando de repente hay un turno que oyes reír a alguien, y te sorprende y a la vez te llena de alegría, quien lo diría…

La vida nos está dando una lección que espero que todos aprendamos, nos ha acercado mucho mas a las personas haciéndonos ver que un abrazo o un beso es un bien preciado. Saldremos de esta con la ayuda de todos y sin lugar a dudas seremos más fuertes.