Reflexión de una profe

El trabajo del maestro no consiste tanto en enseñar lo aprendible, como en producir en el alumno amor y estima por el conocimiento”

Jhon Locke

En estos días tan extraños para los pequeños y para nosotros, no paro de leer que los padres no entienden como pueden mandar tantos deberes, que ellos no pueden con toda la carga que están recibiendo por parte de los colegios.

Por ello me puse en contacto con mi amiga y compañera de la universidad, una súper profe, que efectivamente, está viviendo esto en su propia piel.

Aquí tenéis su reflexión como maestra, pero sobre todo, como persona empática hacia la situación, hacia las familias.

Ahora, espero que también todas las familias sientan la misma empatía hacia los maestros y profesores. Por ello, me parecía bueno darles visibilidad a ellos, a los profes, porque se está viendo la gran labor que hacen y lo importantes que son en nuestras vidas y en las de nuestros hijos.

Aquí os dejo una gran aportación que os hará pensar.       

Gracias amiga, haces un trabajo increíble, que nunca nadie te haga dudar de tu gran vocación.

Os voy a contar, si me permitís, cómo ha vivido una profe de infantil estos días de cuarentena en los que tiene que teletrabajar (jamás pensé que llegaría este momento).

            Todo empezó un lunes por la noche, cuando anunciaron que a partir de ese miércoles se cerraban los coles durante dos semanas. Imaginaos…¿qué fue lo primero que se le pasó por la cabeza a la inmensa mayoría de personas?: jolín, más vacaciones para los profesores… no sé de qué se quejan. Pues os voy a contar lo que se me pasó a mí: una sensación de miedo como nunca antes había tenido (y he pasado algún que otro susto en mi vida), miedo porque para que se cierren los colegios, algo gordo tiene que estar pasando, miedo por saber qué va a pasar con tus alumnos, con tu trabajo, cómo saldremos de esta, cómo vamos a afrontar el trabajo que tenemos por delante justo esas dos semanas (estamos en pleno periodo de evaluaciones)…

            Y así fue, durante esa semana las noticias iban y venían, era un continuo goteo de cambios, algo que te exige una adaptación casi instantánea, donde apenas puedes pensar, pero que, por el contrario, la cabeza va a todo tren.

            Os resumo un poco cómo hemos ido haciendo estos días: en un primer momento, nos hacían ir al colegio para programar, reuniones, evaluaciones, ordenar material, adelantar trabajo atrasado… (sí, porque los profes programamos y dedicamos muchas horas extras a las meramente lectivas), después dieron orden de que todo eso se hiciera desde casa, pero con una premisa: atender plenamente al alumnado y seguir las clases, mandar tareas de todo y tratar de seguir, más o menos, el horario lectivo. Aquí podéis encontrar la explicación a esa cantidad de deberes que han recibido los alumnos: a los profes nos lo han ordenado, nuestros jefes, nuestros superiores, inspectores… La mayoría de nosotros, hablando de manera informal, estamos de acuerdo en que hay que seguir cierta rutina y cierta dinámica (no estamos de vacaciones), pero también somos personas y somos conscientes de la realidad que estamos viviendo: muchos tenemos a familiares contagiados, ingresados, personas aisladas, también sufrimos cierta ansiedad por las noticias que llegan, nos preocupamos, hay problemas de conciliación… Por lo que vemos ridículo trasladar el horario lectivo tal cual a las casas.

            Pero dadas las circunstancias, no nos quedó más remedio que ponernos las pilas e improvisar métodos y formas de comunicación con las familias, muy criticados en muchos casos, pero debéis saber que detrás lo que ha sucedido es que hemos hecho lo que hemos podido y como mejor hemos sabido.

 Aquí nos surgían otros problemas: qué hacer con el alumnado que no tiene Internet, cómo proceder con alumnos cuyos padres necesitan el ordenador para teletrabajar, qué hacer con las familias que no iban a poder atender a sus hijos esos días… Pero, por otro lado, la única forma de comunicación que teníamos nosotros, los docentes, era a través de Internet. Juro que llevo dándole vueltas dos semanas a este asunto y sigo sin encontrar una fórmula alternativa.

            Dicho esto, os cuento lo que mis compis y yo, que estamos en el nivel de 5 años, hicimos: creamos un blog, donde diariamente les ofrecíamos a los alumnos distintas propuestas (un día mate, otro día lecto, otro alguna actividad del proyecto, otro una manualidad y otro un cuento). Afortunadamente, nos dio tiempo a repartir el martes previo a la finalización de las clases algunas fichas y material para que trabajasen los peques, pero poco más. El resto lo hemos ido buscando en casa, echando horas y horas frente al ordenador, excediendo con creces nuestro horario laboral.

            Dicho esto, nosotras cumplimos con nuestro deber de dotar de cierta normalidad al curso escolar, aunque todo es mejorable y ya estamos pensando alternativas para el tercer trimestre, pero también os puedo asegurar que, desde el primer día, hemos insistido en que todas estas propuestas eran recomendables, pero no obligatorias. Somos flexibles, entendemos que ahora hay que priorizar el bienestar emocional, el aprender de estas situaciones excepcionales que se nos presentan, preferimos que los niños jueguen más con sus familias, que pasen tiempo de calidad con ellos, que desarrollen aún más su autonomía, que valoren lo que realmente es importante (olvidándonos del consumismo masivo que nos invade, de no disfrutar de tiempo libre…). Lo que más nos preocupa es cómo les puede afectar esto a nivel emocional, cómo van a ser capaces de gestionar esta situación y lo que se vaya a derivar de ella. Personalmente, creo que porque no lean o no sumen durante dos meses, no va a pasar nada. Vivimos en un país en el que prácticamente nadie se queda sin saber leer o sin saber restar. No pasa nada. Ya habrá tiempo.

            Por último, a modo de reflexión me gustaría destacar que durante estos días creo que todos nos hemos dado cuenta de la importante labor que cumple la escuela, no solo en el plano académico, sino también en el social, la importante red de relaciones que teje entre alumnos, profesores y familias y el valor que tiene. Y yo, como profe, estoy deseando que pasen estas “vacaciones” que muchos creen que he disfrutado y volver a mi clase, con mis alumnos, donde la magia ocurre diariamente.

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