Juego Simbólico en la Infancia

«El juego no solo opera como nuestro impluso creativo; es un modo fundamental de aprendizaje»

David Elkind

El juego en la infancia lo es todo. Es una necesidad básica que tienen que satisfacer cada día de su vida durante bastantes años.

El juego no es solo jugar, el juego contribuye al desarrollo cognitivo, al desarrollo del lenguaje, al desarrollo emocional y además contribuye al desarrollo de sus habilidades sociales y la integración de roles y normas.

El juego libre y espontáneo por parte del niño también facilita el aprendizaje, es decir, cualquier aprendizaje significativo que se produzca a través del juego, quedará grabado en ellos.

El juego es una actividad que produce un gran placer, que estimula y que crea esos aprendizajes… Así que… ¡Dejemos a los niños y niñas jugar de forma libre y espontánea cada día!

Existen diferentes etapas en el juego a lo largo de los primeros años de vida de los niños, comenzando con un juego en solitario hasta llegar al juego cooperativo cuando ya son un poquito más mayores.

Pero hoy os quiero hablar de un tipo de juego que se va a dar a lo largo de prácticamente toda la infancia y que es vital que lo disfruten, el Juego Simbólico.

Este juego simbólico es un tipo de juego donde los niños y niñas juegan a hacer como si…

  • Como si fueran mamás y papás
  • Como si fueran médicos
  • Como si fueran policías
  • Como si comieran
  • Como si tuvieran una tienda

Y muchos más como si…

Con personajes reales o imaginarios, con juguetes reales o inventados (una simple caja de cartón puede ser un castillo o un palo puede ser caballo)

Este tipo de juego comienza alrededor de los 2 años (las edades en la primera infancia siempre son orientativas)

A partir de estar edad sus juegos adquieren una tendencia natural a la representación y la simulación de vivencias experimentadas o inventadas.

Al principio, los niños y niñas, juegan a imitar la realidad que viven en su día a día, a imitar a sus padres o lo que hacen con ellos.

También en este primer momento, prefieren jugar con sus padres o algunos ratos incluso prefieren jugar ellos solos o con sus hermanos.

A medida que el desarrollo del lenguaje avanza y su imaginación crece, van a ir construyendo escenarios más elaborados y complejos, pasando cada vez más tiempo jugando en solitario con su imaginación y más adelante con sus iguales, donde empiezan a crear sus propias normas de juego, sus personajes y sus roles, con situaciones cada vez más complejas.

Uno de los aspectos más importantes de este juego simbólico es que permite que los niños y niñas pasen de los real a lo imaginario, potenciando de esta manera tanto su imaginación como su empatía.

Además, facilita la expresión de sus sentimientos y les ayuda a asimilar las situaciones que suceden a su alrededor.

Pero lo más importante que nos puede aportar este juego simbólico a toda la familia, es esa creación de vínculo y apego entre padres y niños.

Acercarnos a ellos, entrar en su juego y en su imaginación, volver a ser unos niños para disfrutar de esos momentos juntos.

Todos los juguetes para el juego simbólico son importantes, debemos desechar la idea de juguetes de niños y de niñas.

Todos los niños y niñas deberían jugar con carros y muñecas, con cocinas, con disfraces, con coches y trenes, con herramientas…

Todos los niños y niñas deberían disfrutar de ese juego libre y de todos los juguetes que les proporcionen ese placer por jugar y aprender.

Y nosotros como padres responsables, debemos proporcionarles todos los materiales que permitan este desarrollo cognitivo, emocional y social.

Recuerda que nos vemos en las redes, donde hay muchos cambios que espero que os gusten, en Facebook Educar con Emoción y Amor y en Instagram @educar.conemociónyamor

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¡Gracias Familias! Y ¡Feliz Crianza!

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¿Jugamos?

«El juego es la forma más elevada de investigación» Albert Eintein

¿Qué es el juego? El juego lleva en sí humor, diversión y risa, es una expresión de energías que tienen que ser liberadas por el niño.

Jugar es dedicarse a una actividad para divertirse, siendo fuente de muchos descubrimientos, de esta forma el niño aprende reglas, costumbres y valores, en definitiva, descubre el mundo que le rodea.

Los primeros juegos permiten al niño descubrir su cuerpo, después, con la manipulación de objetos, descubre las características y funcionamiento de los mismos y poco a poco va desarrollando estrategias que le permiten acomodarse al entorno y a las personas que le rodean. De esta manera, cuando juega, desarrolla habilidades y actitudes que podrá emplear en su día a día.

El juego es un ejercicio para la vida real, pero jugar también es experimentar una sensación de control sobre lo que le rodea y sobre sus acciones, ya que él decide cuando empezar, el tema, el desarrollo y el fin del juego y al no esperar ningún resultado concreto, puede tomar las iniciativas que le gusten. De esta manera, el juego se convierte en una fuente de gratificación y contribuye a su autoestima. Cuando encuentre dificulades, va a poder utilizar sus propios recursos personales para poder dar solución al problema, el único límite para él, es su imaginación y los límites que pueda ponerle su entorno más próximo.

Mediante el juego se expresan sentimientos, el juego es el lenguaje primario del niño, le permite liberar su mundo interior y sus emociones, puede desplazar sus deseos y frustraciones sobre los objetos, sirviendo así de escape emocional.

Las funciones básicas del juego son:

Descubrimientos: Aprendizaje

Dominio de sí mismo: Autoestima

Creatividad: Capacidad de adaptación

Expresión: Comunicación de sus sentimientos y relación con los demás

Placer: Interés para actuar

Los componentes del juego son:

Componente sensorial: El juego es una estimulación visual, táctil y auditiva, que va a desarrollar su percepción de las formas y tamaños.

Componente motriz: Se desarrolla la motricidad fina y gruesa, además debe aprender a planificar sus gestos en serie y la coordinación óculo-manual.

– Componente cognitivo: Al aprender cómo funcionan los objetos, aprende también a utilizarlos, su relación causa-efecto, anticipando de esta manera lo que sus gestos provocan.

Componente afectivo: Iniciativa, expresión de sí mismo, placer inmediato.

Componente social: El juego permite al niño relacionarse con sus iguales.

Existen dos tipos de juego, el Juego Libre y el Juego Estructurado. En el juego libre el niño decide qué hacer con los objetos. Este tipo de juego favorece la imaginación, la fantasía y la creatividad. En el juego estructurado, hay unas reglas concretas que rigen la actividad, este tipo de juego requiere que el niño comprenda el desarrollo del juego y las reglas que se aplican y tiene como finalidad un aprendizaje concreto o una habilidad determinada.

En los primeros años de vida del niño se pueden diferenciar distitas etapas en el desarrollo del juego. La primera etapa se caracteriza por la curiosidad, el interés y la atención selectiva del bebé, tanto por su cuerpo como por las personas y objetos que lo rodean. En la segunda etapa, entre los 6 y 18 meses, el niño explora activamente el espacio y lo manipula. Después pasará a la etapa del juego propiamete dicho, entre los 18 meses y los 3 años, juega primero de forma convencional para más tarde utilizar su propia imaginación, hasta llegar hasta los 3 / 5 años, donde ya inventa sus propios escenarios de juego.

De los 0 a los 6 meses: El bebé se descubre a través del contacto con su madre, lo más importante es la interacción madre-hijo. El bebé registra mejor los estímulos táctiles por medio de su cara, boca y planta de los pies, va a descubrir su entorno a través de los sentidos. Durante los primeros meses, la atención se ve atraída por las características de los objetos y por el rostro humano, además le gustan los objetos que se mueven, suenan y brillan.

De los 6 a 18 meses: La curiosidad del niño se concentra en la acción, el niño se vuelve más activo, aprende a moverse por sus propios medios y explora el espacio. Hacia los 7 meses, sus primeros desplazamientos son arrastrándose, hacia los 9 empieza a ir a cuatro patas, esta nueva capacidad de desplazamiento por sí mismo le ofrece una nueva perspectiva de lo que le rodea y le ofrece nuevas experiencias. Gradualmente aprende a desplazarse de lado, después avanza desplazándose de lado, después sujetándole las manos y finalmente él solo.

De los 18 meses a los 3 años: Hacia los 18 meses, el niño utiliza el material de juego de forma apropiada, comprende la verdadera función de los objetos y los utiliza en consecuencia, empieza a combinarlos y aprende rapidamente la fución de un nuevo juguete. El juego simbólico confirma una actividad mental en el niño, la representación. El niño representa un objeto ausente como si estuviera presente gracias a la palabra o la ilustración, a partir de aquí está preparado para el juego de representación, comprende que las imágenes son representaciones, simbolo de la realidad, comprende el juego de la simulación.

El juego simbólico es la base del desarrollo del humor del niño, asociado a la creatividad. Cuanto más creativo es el niño, mejor sabe resolver las dificultades y más facilmente se adapta a las situaciones.

En cuanto al dibujo, las primeras tentativas del niño son los garabatos, le gusta jugar con los colores y le divierte el resultado que producen el movimiento de sus manos.

De 3 a 5 años: A partir de ahora el niño recurre frecuentemente a su imaginación para crear un juego, lo que favorece el desarrollo de la sociabilidad del niño, encuentra divertido relacionar objetos y acciones que no se corresponden. En los dibujos intenta reproducir objetos o personas, pero hasta los 3 años es preferible dejarle terminar antes de preguntar lo que dibuja. En cuanto al dibujo de los muñecos, los primeros ensayos se reproducen hacia los 4 años, consistiendo en una forma redonda que representa la cabeza a la que ha incorporado trazos para las piernas y los brazos.

Cómo jugar con un niño:

De 0 a 6 meses: Iniciarle a mirar, a escuchar, a tocar y dejarse tocar, iniciarle a agarrar objetos, hacerle descubrir el movimiento.

De 6 a 18 meses: Iniciarle a mirar, a escuchar y a comunicar, iniciarle a tocar, a oler, a moverse y a manipular objetos.

De 18 meses a 3 años: Iniciarle a tocar, desarrollar sus habilidades de comunicación, desarrollar su sentido del humor y su comprensión del entorno, favorecer su coordinación fina y agilidad, ofrecerle experiencias de movimientos.

De 3 a 5 años: Iniciarle a la comunicación, favorecer su comprensión del entorno, ayudarle a percibir bien su cuerpo, favorecer su imaginación y su sentido del humor, favorecer su coordinación.

Con quién jugar:

Aprender a jugar con los demás: Saberse comportar con los demás no es innato, esperar su turno, aceptar el compartir, cooperar, respetar a los demás, comprender su punto de vista, son habilidades que el niño debe desarrollar para funcionar en la sociedad. Ese proceso de socialización se extiende a lo largo de los años, primero en casa, después en la escuela y finalmente en la escuela.

Juego en solitario: Durante el primer año de vida el bebé no tiene especial interés en otros niños, el bebé suele jugar solo o con el adulto, descubriendo su cuerpo y el entorno que lo rodea.

Juego en paralelo: Hacia los 18 meses el niño mira a otros niños pero sin compartir, su placer está en estar junto a ellos, observa lo que hacen y la reacción de los adultos, aprendiendo así a comportarse con los demás, esto les permite familiarizarse con los otros. Hacias los 2 años descubre la propiedad, todavía no se siente inclinado a compartir, a esta edad se da el egoncentrimo en el niño.

Juego asociativo: A los 3 años empiezan a jugar con otros niños sin problemas durante algunos minutos, aunque prefier jugar solo con un amigo. Hacia los 4 años, el egocentrismo empieza a disminuir y empieza a tomar conciencia de los derechos de los demás, entonces empieza a compartir, a esperar su turno y a divertirse con los demás. Coopera en juegos de grupos en los que cada uno cumple una función, comprendiendo mejor el sentido de la ayuda mutua.

Juego cooperativo y juego competitivo: En torno a los 6 años, empiezan a fijar ellos mismos las reglas y a cooperar en un proyecto, es el juego cooperativo al que exige el juego competitivo. Jugando aprende a vivir en sociedad, descubre el placer de compartir actividades con los demás, llegando a definir su papel social y a encontrar su identidad, en definitiva, aprende a conocerse.

Todas estas edades son orientativas, hay que tener en cuenta que cada niño es único y especial y se desarrolla en un entorno diferente, con distintos estímulos además de contar con el componente genético.

Jugar con vuestros hijos jamás será tiempo perdido, ellos aprenden pero creo que más aprendemos nosotros, aprovechar estos momentos irrepetibles.