STOP TV

“Nada enciende más la mente de un niño como jugar”


Dr. Stuart Brown

En casa no hemos sido de poner la tele mucho al Pequeño Caballero o de utilizar el móvil para entretenerle… no soy muy partidaria de estas prácticas tan poco educativas…

Pero he de reconocerlo… Durante el confinamiento se nos fue de las manos…

Mucha tele, pero también mucho YouTube.

Luego el verano en el pueblo fue maravilloso y reparador en cuanto a pantallas. Pero a la vuelta, yo en casa, con taaantas cosas que hay que hacer… volví, volví a caer en la magia de la caja tonta…

Le pongo un ratito la tele por las mañanas y así yo recojo y puedo hacer la comida.

Le pongo un ratito la tele por las tardes así merienda mejor.

Le pongo un ratito la tele por las tardes-noches así yo, que ya estoy cansada, tengo un ratito para mí.

Le pongo un ratito la tele antes de dormir porque así podemos hablar nosotros tranquilos sobre nuestro día.

Pues poco a poco esos ratitos cada vez eran más largos, con menos control mío y más control suyo.

Seguro que a vosotros os suenan algunas de estas frases también…

Ya cambia de canal, sube el volumen, se pone histérico si no ve lo que le gusta, imita todo (frases, movimientos, hasta las entradillas de las series)

El carácter del Pequeño incluso cambió, se volvió muy pegón, lloraba continuamente, imitaba constantemente a personajes de la tele, incluso llegó a afectarle al sueño con muchos despertares y pesadillas.

Yo era consciente de este aumento de tele y de mi desconexión con él.

No fue una decisión pensada o meditada en familia la verdad, fue una decisión drástica después de unas semanas muy duras por parte de los dos.

Llegamos a casa y puse la televisión en stand by. Él la enciende, pero no se ve nada. Así de fácil, ya no hay tele, de tanto verla ha decidido que ya no se enciende más.

No hubo rabietas, no hubo muchas preguntas. Creo que era algo que necesitábamos los dos.

Ahora nuestro día transcurre haciendo todo juntos.

Cocinamos juntos, limpiamos juntos, hacemos las camas, recogemos, ponemos y tendemos la lavadora. Está implicado en cada cosa de la casa porque él quiere, por su predisposición innata a ayudar, porque los niños son así y nosotros debemos aprovecharnos de eso.

También los cuentos están presentes, elegimos, leemos, cantamos, los representamos en cualquier momento del día.

Los dibujos. Cogemos muchas hojas de papel y colores y pintamos mucho, garabateamos, inventamos juntos.

Nuestras bandejas sensoriales y minimundos también dan mucho juego y mucho desarrollo a todos los niveles.

Juegos, juegos y más juegos. Juego simbólico, juegos imaginativos, juegos dirigidos, pero juntos.

Hemos aprendido a disfrutar mucho más juntos, a dejar el móvil de lado y mirarnos nosotros. Hemos sacado juguetes que ni nos acordábamos que teníamos, pero lo más importante, hemos pasado mucho tiempo juntos. Aprendiendo el uno del otro, riendo, cantando, inventando y siendo felices.

Nuestras salidas al campo, diario e imprescindible cuando el tiempo acompaña. Descubriendo juntos nuevos rincones, con la bici, con el carro de muñecas, con los dinosaurios (que ya casi me he aprendido los nombres) y con la pelota.

Nuevos Lugares

Y a nuestra querida Casa Grande, donde también nos han ayudado mucho con este tema y han ido viendo los cambios en él.

Hemos creado momentos y recuerdos preciosos, ahora sí que puedo decir que este tiempo es un regalo junto a mi hijo y sin distractores de por medio.

El Pequeño Caballero está mucho más tranquilo, ha vuelto a su ser y las noches son más tranquilas también.

Yo también estoy más tranquila, hemos modificado algunas rutinas y rituales diarios para conectarnos más y la diada mamá-hijo es cada día más fuerte.

Cada vez estoy más contenta de esta decisión que interfería en nuestros momentos y en nuestras conversaciones como familia.

Muchos me tachan de exagerada, me da igual, nunca me han importado los juicios en cuanto a la educación y crianza de mi hijo, porque de lo que sí estoy segura es de que no voy a tomar el camino fácil, no voy a hacer lo de siempre, no voy a repetir patrones que no sean respetuosos con mi pequeño y no voy a dejarme llevar por esos juicios absurdos del resto del mundo.

Si tú también quieres romper estos patrones, quieres decir Stop TV, quieres una crianza respetuosa, ponte en contacto conmigo y te informaré sobre todos los talleres que tengo, además de las consultas individuales y personales para cada caso y cada familia.

Recordar que podéis encontrarme en Facebook Mami Me Mima blog y en Instagram @mamimemimeblog y para cualquier consulta, no dudéis en escribirme a blogmamimemima@gmail.com

¡Muchas gracias familias! Y ¡Feliz Crianza!

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Movimiento libre. Un cambio ante todo, en el adulto que acompaña.

“Si damos a los niños suficiente espacio y posibilidades para el movimiento libre, ellos se moverán hermosamente y con gracia como lo hacen los animales; ágilmente, simplemente, con confianza y naturalmente”


Dr. Emmi Pikler

A Vero la conocí hace poco en mi querida Casa Grande (además de ellos que son maravillosos, también nos hacen conocer gente excepcional) Con su pequeña hija, adorables las dos.

Una mamá con mucho dentro, con mucho que contar, con una historia de valentía muy grande, pero hoy nos quiere hablar de este precioso tema, El movimiento libre.

Supongo que hasta que no eres mamá no te planteas nada de esto y al leerte Vero, me haces reflexionar, pensar, cuestionarme tantas cosas… ¡Me encanta!

Espero que os guste, que disfrutéis de esta bella colaboración que sale del alma y del amor por sus hijos.

Gracias Vero, de corazón, esta es tu casa para cuando quieras seguir haciéndonos reflexionar.

Un niño desde el mismo momento de su nacimiento, es un ser competente y con autonomía: busca el pecho de su mamá para alimentarse, se mete la mano en la boca cuando necesita consuelo o simplemente su llanto nos indica que es capaz de expresarse para decirnos que necesita algo del adulto. Si el adulto entonces, comprende que el niño es una persona con capacidades entenderá también, que debemos confiar en sus posibilidades para así dejarle que se mueva en libertad y sin intervención directa del adulto.

Movimiento libre es un profundo trabajo personal de la persona que acompaña al niño, es ver al niño con ojos de «Tú sí que puedes», verle de igual a igual (el adulto no debería ser un ser superior), es no transmitirle nuestros miedos con frases como «Te vas a caer, ten cuidado, no sabes…» pero sobre todo Movimiento Libre significa «Respeto». 

Motricidad autónoma. Emmi Pikler.

Si hablamos de motricidad es imposible no hablar de la pediatra húngara Emmi Pikler. A ella, se le deben importantes descubrimientos y estudios no solamente acerca del desarrollo motor, sino también la importancia de que se den unos cuidados de calidad donde se origina la seguridad emocional que el niño necesita.

Para que se dé el movimiento libre es imprescindible que se den dos características:

Que sea por iniciativa del niño. El adulto no le invita a hacer ningún movimiento, como ponerse de pie dándole la mano, sentarle cuando aún no lo ha conseguido o subirse al tobogán haciéndole saltarse los escalones y deslizándole por la rampa. Sin esa propia voluntad no hay libertad, le estamos dirigiendo y él simplemente nos agradará (cuando el niño ve, que a mamá le hace feliz,  ver como su pequeño camina de su mano, querrá hacerlo porque a él le gusta ver a su mamá contenta) mostrándose él mismo feliz en ese instante pero cada vez más demandante e inseguro después.

Sin intervención del adulto. Esto no quiere decir «qué hagan lo que quieran o dejarles a su suerte». El adulto tiene un importantísimo papel en esto que llamábamos movimiento libre. Es el encargado de darle seguridad emocional que le permita jugar libremente en un entorno adecuado a las características y necesidades de los niños. Para ello es indispensable una observación directa y por supuesto, el adulto acompaña y apoya al niño durante su actividad.

Se evita «hacer que los niños hagan» y «les dejamos hacer» confiando en su autonomía ya que son seres competentes y ellos mismos, conforme les dejemos esa libertad de movimientos, conocerán perfectamente hasta donde son capaces de hacer.

¿Cuántas veces no nos hemos encontrado con situaciones relacionadas con la infancia, dónde el adulto coloca al bebé o al niño en posiciones a las que él no ha llegado por sí mismo? El típico ejemplo del niño que ya se pone de píe con apoyo y el adulto le incita con órdenes o repetidas llamadas de atención a qué vaya hasta el adulto. 

Probablemente o es casi seguro decir, que el niño en ese mismo momento no está preparado, ni física ni cognitivamente, pero simplemente una vez más, querrá agradar al adulto.

¿Cuál es el papel del adulto entonces, además de proporcionar la seguridad emocional?

Entre ello:

  • Ofrecerles un espacio seguro, cuanto más seguro, menos tendremos que intervenir  por posibles peligros.
  • Que los materiales que les ofrezcamos sean de su interés y adecuados a su nivel de desarrollo y edad.
  • Observar, acompañar atentamente con empatía y transmitiéndole confianza y seguridad.
  • No intervenir de manera directa en sus movimientos y juegos siguiendo su propia imaginación.
  • Vestirle con ropa cómoda para facilitar el movimiento.

BENEFICIOS DEL MOVIMIENTO LIBRE

Se puede hablar de beneficios de varios tipos: físico, cognitivo y emocional.

Físico

  • Tono más relajado: están menos preocupados porque dominan esa postura o desplazamiento. Cuando a un bebé por ejemplo, se le sienta sin estar preparado para ello, el niño tiene que estar más preocupado en no caerse que en jugar.
  • Mejor equilibrio ya que consiguen el hito (ponerse de pie, andar…)
  • Mejor control postural
  • Movimientos más armónicos (ya que los dominan perfectamente)
  • Menos torpes , caen mejor
  • Más prudentes , aprenden a conocer sus capacidades y limitaciones, confían en ellos mismos
  • Adquieren más posiciones intermedias desde la verticalidad hasta la horizontalidad. Su crecimiento es más rico, prueban más con su propio cuerpo los distintos movimientos.

Cognitivo:

  • Mayor conocimiento espacial,
  • Mayor desarrollo de la vista y el equilibrio
  • Realiza proyectos previos a nivel cognitivo. El niño despierta un interés y el cerebro ordena para llevarlo a cabo. Si hacemos que el niño se salte una postura, elimino esa orden y el cerebro por tanto no trabaja. La interiorización de ese movimiento, postura será mucho más lenta, más inseguro, además de depender totalmente del adulto.
  • Son más creativos, encuentran el camino por sí solos.

Emocional:

  • Mayor AUTOESTIMA: son capaces de vivir sus propios logros, logros que son suyos, no del adulto.
  • Mayor autoconocimiento: al conocer mejor sus limitaciones y posibilidades, tienen una mayor autogestión de las emociones y de otros aspectos como la comida, el sueño, el control de esfínteres. Les damos la posibilidad para que se conozcan mejor.
  • Es una forma de expresión y comunicación. Los niños utilizan el movimiento para expresarse y descargar tensiones
  • Una forma de relación con el adulto. Si el adulto respeta su desarrollo motor, le respeta como persona. Importante avisarle, pedir permiso NO SON MARIONETAS y si le vamos a coger en brazos y llevarle a otro lugar, deberíamos contárselo previamente.

PARA POSIBILITAR EL MOVIMIENTO LIBRE ENTONCES, ES FUNDAMENTAL NO UTILIZAR CORRECCIÓN POSTURAL NI COLOCAR AL NIÑO EN UNA POSTURA QUE NO HA CONSEGUIDO POR SÍ MISMO.

Siempre dejaremos al bebé boca arriba en el suelo en una superficie estable y él mismo, irá probando con su cuerpo qué postura quiere adoptar. Puede pasar por innumerables movimientos hasta llegar a la verticalidad.

Les avisamos siempre de lo que vamos a hacer con ellos, por qué no, «te voy a dejar aquí en el suelo para que te puedas mover y jugar”.

Los estudios de Emmi Pikler demostraron que el bebé a partir de la posición de boca arriba sobre una superficie firme en horizontal, va a realizar de forma espontánea, todos los ejercicios necesarios para alcanzar las posiciones siguientes, entre ellas la de darse la vuelta por sí mismo. Boca arriba el niño puede mover la cabeza. Puede mirarse las manos, llevarlas a la boca, cogerse los pies y conocer su cuerpo desde su propia iniciativa. Puede manipular objetos de forma autónoma.

Y ¿por qué no colocar al bebé boca abajo?:

  • Su musculatura no está preparada, la cabeza se hunde entre los hombros.
  • El bebé solo puede dedicarse a sujetarse, no puede manipular objetos, ni descubrir su cuerpo ni comunicarse con los adultos que lo acompañan.
  • No pueden cambiar de posición libremente.
  • Creamos dependencia y más estados de irritabilidad y frustración.

 Otro de los pasos que el adulto suele hacer que el bebé se salte es el de sentar al bebé. Cuando decimos que un bebé se sienta, no es que cuando al adulto le parece que el bebe se sostiene lo suficiente cuando le tiene en el regazo y le sienta, generalmente rodeado de cojines porque se va a caer y con un montón de juguetes para que se entretenga. El bebé así no ha conseguido sentarse por sí mismo, por lo que, no tendrá interiorizada dicha postura. Se frustrará porque no conoce los movimientos necesarios para salir y tendrá que estar mucho más preocupado por mantener el equilibrio.

La mano para caminar es algo que colocamos los adultos, es lo que siempre hemos visto y con lo que hemos crecido, pero eso no quiere decir que sea lo mejor. En ocasiones solo hace falta observar al niño en esos momentos y ver las situaciones, en muchos casos llenas de frustraciones porque el adulto le ha colocado en una posición o desplazamiento al que él mismo no es capaz de llegar. Ningún niño necesita que le den la mano para caminar. El niño que es trasladado con las manos sujetas por el adulto (o sujeto de la capucha…) Lo que aprenderá es que el adulto de referencia para él piensa que es incapaz, que no domina su cuerpo y que depende para moverse totalmente del adulto. No sabemos esperar a que el niño se sienta preparado para hacerlo y nos adelantamos.

No se enseña a caminar, es algo que se aprende cuando tanto por madurez del niño como por su propia voluntad (cuando ellos quieren hacerlo). Todos caminarán tarde o temprano.

Entre los 24-36 meses todos los niños llegan al mismo punto, pero cada uno sigue su patrón. Si no ha conseguido algo es solo cuestión de tiempo. Necesita tiempo.

Desde que el niño se pone de pie hasta que camine hay una franja media de 3-6 meses.

JUEGO LIBRE, JUEGO DEL NIÑO.

Según este modelo pedagógico, el adulto ocupará siempre un papel secundario en el juego. El juego es por y para el niño y debería ser el protagonista en todo momento, él es el que crea el juego, para ellos es como si fuera un trabajo y deberíamos respetarlo en todo momento. ¿Quién decide que una forma de jugar está bien o mal?

Cuando el adulto introduce una pauta, se introduce también una expectativa de resultado, el niño piensa que esperamos algo concreto de él y eso les bloquea en su juego. En el juego libre, como la propia palabra indica, es libre, no se espera un resultado, lo que importa es el proceso.

El juego libre tiene que cumplir entonces unas características muy similares a las de motricidad libre:

  • Disfrute
  • Iniciativa del niño. Voluntad del niño, realizar sus proyectos previos. Si el adulto interviene le priva de los proyectos previos.
  • No intervención del adulto

En ocasiones pensamos que el niño está sin hacer nada y enseguida intentamos estimularle. El adulto espera que el niño siempre quiera jugar y hacer. Pues es posible que el niño esté observando algo e interiorizando algún concepto, o necesita adaptarse un  momento a la llegada a un lugar o, simplemente tiempo para construir un proyecto propio, fundamental para desarrollar su creatividad.

Es interesante, además de ofrecerles los juguetes comerciales, objetos de diversos materiales que les permitan experimentación y opción a la propia creatividad: cucharas de madera, boles, tapas de metal… Siempre menos es más, mejor objetos que puedan manipular y sean de su interés que muchos juguetes que dejen poco espacio a la imaginación.

EN EL JUEGO COMO EN TODO, HAY NORMAS

En la forma de acompañar a los niños, es el adulto el que establece sus propias normas, aquí unos consejos para establecerlas:

  • Que sean claras: claras para el niño. «Siéntate con los pies abajo en vez de siéntate bien».
  • Sencillas y concretas, con poca explicación.
  • Siempre las mismas: dentro de los mismos espacios y con los mismos materiales.
  • Pocas, si hay muchas, llegan a no escucharlas.
  • En positivo. Mejor decir «la puerta mejor abierta » que «la puerta no se abre» ya que después te van a ver a ti abrirla.
  • Iguales para todos los niños.
  • Se recuerdan en el momento que ocurren.

Para que el niño juegue tranquilo es fundamental sentirse seguro y para ello tiene que sentir que puede contar con la persona que le acompaña. Por ello es fundamental que el adulto esté presente en su juego para enseñarle cuáles son esas normas que con el tiempo, verán como parte natural de la vida.

El acompañamiento en la infancia es una tarea compleja, que requiere un profundo respeto hacia el niño y gran valor de su actividad autónoma. Esto, lleva al adulto hacia una importante reflexión y cambio interno. Es romper con aquello que «se ha hecho toda la vida» con mucho amor por supuesto, mediante la comprensión de aquello que es mejor para nuestros pequeños. Es cambiar nuestra mirada, es empatía es, desaprender para volver a aprender.

VERÓNICA CANO.

Una gran lección sobre movimiento libre, espero que os haya gustado tanto como a mi que ya he empezado a formarme en este precioso tema.

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¡Muchas gracias familias!

¿Jugamos?

«El juego es la forma más elevada de investigación» Albert Eintein

¿Qué es el juego? El juego lleva en sí humor, diversión y risa, es una expresión de energías que tienen que ser liberadas por el niño.

Jugar es dedicarse a una actividad para divertirse, siendo fuente de muchos descubrimientos, de esta forma el niño aprende reglas, costumbres y valores, en definitiva, descubre el mundo que le rodea.

Los primeros juegos permiten al niño descubrir su cuerpo, después, con la manipulación de objetos, descubre las características y funcionamiento de los mismos y poco a poco va desarrollando estrategias que le permiten acomodarse al entorno y a las personas que le rodean. De esta manera, cuando juega, desarrolla habilidades y actitudes que podrá emplear en su día a día.

El juego es un ejercicio para la vida real, pero jugar también es experimentar una sensación de control sobre lo que le rodea y sobre sus acciones, ya que él decide cuando empezar, el tema, el desarrollo y el fin del juego y al no esperar ningún resultado concreto, puede tomar las iniciativas que le gusten. De esta manera, el juego se convierte en una fuente de gratificación y contribuye a su autoestima. Cuando encuentre dificulades, va a poder utilizar sus propios recursos personales para poder dar solución al problema, el único límite para él, es su imaginación y los límites que pueda ponerle su entorno más próximo.

Mediante el juego se expresan sentimientos, el juego es el lenguaje primario del niño, le permite liberar su mundo interior y sus emociones, puede desplazar sus deseos y frustraciones sobre los objetos, sirviendo así de escape emocional.

Las funciones básicas del juego son:

Descubrimientos: Aprendizaje

Dominio de sí mismo: Autoestima

Creatividad: Capacidad de adaptación

Expresión: Comunicación de sus sentimientos y relación con los demás

Placer: Interés para actuar

Los componentes del juego son:

Componente sensorial: El juego es una estimulación visual, táctil y auditiva, que va a desarrollar su percepción de las formas y tamaños.

Componente motriz: Se desarrolla la motricidad fina y gruesa, además debe aprender a planificar sus gestos en serie y la coordinación óculo-manual.

– Componente cognitivo: Al aprender cómo funcionan los objetos, aprende también a utilizarlos, su relación causa-efecto, anticipando de esta manera lo que sus gestos provocan.

Componente afectivo: Iniciativa, expresión de sí mismo, placer inmediato.

Componente social: El juego permite al niño relacionarse con sus iguales.

Existen dos tipos de juego, el Juego Libre y el Juego Estructurado. En el juego libre el niño decide qué hacer con los objetos. Este tipo de juego favorece la imaginación, la fantasía y la creatividad. En el juego estructurado, hay unas reglas concretas que rigen la actividad, este tipo de juego requiere que el niño comprenda el desarrollo del juego y las reglas que se aplican y tiene como finalidad un aprendizaje concreto o una habilidad determinada.

En los primeros años de vida del niño se pueden diferenciar distitas etapas en el desarrollo del juego. La primera etapa se caracteriza por la curiosidad, el interés y la atención selectiva del bebé, tanto por su cuerpo como por las personas y objetos que lo rodean. En la segunda etapa, entre los 6 y 18 meses, el niño explora activamente el espacio y lo manipula. Después pasará a la etapa del juego propiamete dicho, entre los 18 meses y los 3 años, juega primero de forma convencional para más tarde utilizar su propia imaginación, hasta llegar hasta los 3 / 5 años, donde ya inventa sus propios escenarios de juego.

De los 0 a los 6 meses: El bebé se descubre a través del contacto con su madre, lo más importante es la interacción madre-hijo. El bebé registra mejor los estímulos táctiles por medio de su cara, boca y planta de los pies, va a descubrir su entorno a través de los sentidos. Durante los primeros meses, la atención se ve atraída por las características de los objetos y por el rostro humano, además le gustan los objetos que se mueven, suenan y brillan.

De los 6 a 18 meses: La curiosidad del niño se concentra en la acción, el niño se vuelve más activo, aprende a moverse por sus propios medios y explora el espacio. Hacia los 7 meses, sus primeros desplazamientos son arrastrándose, hacia los 9 empieza a ir a cuatro patas, esta nueva capacidad de desplazamiento por sí mismo le ofrece una nueva perspectiva de lo que le rodea y le ofrece nuevas experiencias. Gradualmente aprende a desplazarse de lado, después avanza desplazándose de lado, después sujetándole las manos y finalmente él solo.

De los 18 meses a los 3 años: Hacia los 18 meses, el niño utiliza el material de juego de forma apropiada, comprende la verdadera función de los objetos y los utiliza en consecuencia, empieza a combinarlos y aprende rapidamente la fución de un nuevo juguete. El juego simbólico confirma una actividad mental en el niño, la representación. El niño representa un objeto ausente como si estuviera presente gracias a la palabra o la ilustración, a partir de aquí está preparado para el juego de representación, comprende que las imágenes son representaciones, simbolo de la realidad, comprende el juego de la simulación.

El juego simbólico es la base del desarrollo del humor del niño, asociado a la creatividad. Cuanto más creativo es el niño, mejor sabe resolver las dificultades y más facilmente se adapta a las situaciones.

En cuanto al dibujo, las primeras tentativas del niño son los garabatos, le gusta jugar con los colores y le divierte el resultado que producen el movimiento de sus manos.

De 3 a 5 años: A partir de ahora el niño recurre frecuentemente a su imaginación para crear un juego, lo que favorece el desarrollo de la sociabilidad del niño, encuentra divertido relacionar objetos y acciones que no se corresponden. En los dibujos intenta reproducir objetos o personas, pero hasta los 3 años es preferible dejarle terminar antes de preguntar lo que dibuja. En cuanto al dibujo de los muñecos, los primeros ensayos se reproducen hacia los 4 años, consistiendo en una forma redonda que representa la cabeza a la que ha incorporado trazos para las piernas y los brazos.

Cómo jugar con un niño:

De 0 a 6 meses: Iniciarle a mirar, a escuchar, a tocar y dejarse tocar, iniciarle a agarrar objetos, hacerle descubrir el movimiento.

De 6 a 18 meses: Iniciarle a mirar, a escuchar y a comunicar, iniciarle a tocar, a oler, a moverse y a manipular objetos.

De 18 meses a 3 años: Iniciarle a tocar, desarrollar sus habilidades de comunicación, desarrollar su sentido del humor y su comprensión del entorno, favorecer su coordinación fina y agilidad, ofrecerle experiencias de movimientos.

De 3 a 5 años: Iniciarle a la comunicación, favorecer su comprensión del entorno, ayudarle a percibir bien su cuerpo, favorecer su imaginación y su sentido del humor, favorecer su coordinación.

Con quién jugar:

Aprender a jugar con los demás: Saberse comportar con los demás no es innato, esperar su turno, aceptar el compartir, cooperar, respetar a los demás, comprender su punto de vista, son habilidades que el niño debe desarrollar para funcionar en la sociedad. Ese proceso de socialización se extiende a lo largo de los años, primero en casa, después en la escuela y finalmente en la escuela.

Juego en solitario: Durante el primer año de vida el bebé no tiene especial interés en otros niños, el bebé suele jugar solo o con el adulto, descubriendo su cuerpo y el entorno que lo rodea.

Juego en paralelo: Hacia los 18 meses el niño mira a otros niños pero sin compartir, su placer está en estar junto a ellos, observa lo que hacen y la reacción de los adultos, aprendiendo así a comportarse con los demás, esto les permite familiarizarse con los otros. Hacias los 2 años descubre la propiedad, todavía no se siente inclinado a compartir, a esta edad se da el egoncentrimo en el niño.

Juego asociativo: A los 3 años empiezan a jugar con otros niños sin problemas durante algunos minutos, aunque prefier jugar solo con un amigo. Hacia los 4 años, el egocentrismo empieza a disminuir y empieza a tomar conciencia de los derechos de los demás, entonces empieza a compartir, a esperar su turno y a divertirse con los demás. Coopera en juegos de grupos en los que cada uno cumple una función, comprendiendo mejor el sentido de la ayuda mutua.

Juego cooperativo y juego competitivo: En torno a los 6 años, empiezan a fijar ellos mismos las reglas y a cooperar en un proyecto, es el juego cooperativo al que exige el juego competitivo. Jugando aprende a vivir en sociedad, descubre el placer de compartir actividades con los demás, llegando a definir su papel social y a encontrar su identidad, en definitiva, aprende a conocerse.

Todas estas edades son orientativas, hay que tener en cuenta que cada niño es único y especial y se desarrolla en un entorno diferente, con distintos estímulos además de contar con el componente genético.

Jugar con vuestros hijos jamás será tiempo perdido, ellos aprenden pero creo que más aprendemos nosotros, aprovechar estos momentos irrepetibles.